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Lo Correcto

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Una tarde, un niño y su padre se encontraban pescando en un lago en las montañas y era el día previo para el comienzo de la temporada de róbalo, así que usaban gusanos de carnada para atrapar percha y pez sol. El niño decidió practicar su lanzamiento usando un pequeño cabo plateado, al momento que el cebo cayó del agua, su vara se dobló por completo. Él y su padre reconocieron al instante que algo enorme se había pegado al anzuelo. Cuando por fin logró subir al bote el pez más grande que había visto en toda su vida, una gigantesca luna había salido sobre el lago, sólo había un problema, el pez era un róbalo.

La Montaña Rusa

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Estando de vacaciones en Florida, fui con mi esposa y mis hijos, junto a mi hermano, su esposa y sus hijas, a un parque de atracción. Dentro de ese parque se encontraba, lo que yo le puedo llamar, una imitación pequeña de lo que es “la montaña rusa” (roller coaster). Mi esposa no es muy fanática de la montaña rusa, ella le tiene terror a la altura, y mucho más cuando el asiento comienza a bajar. Mucha gente detesta esa atracción por la misma razón. Pero, para mi hermano Carlos, mientras más alta sea la montaña, mejor es. Por cuanto la machina que vimos era pequeña en altura y anchura, mi hermano le dijo a mi esposa que podía montarse en esa porque era pequeña, y no tan alta. 

Corazón Valeroso

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Se cuenta la historia de un querido amigo y miembro de la iglesia, que falleció luego de una larga vida de amor y servicio. En el funeral, sus hijos se levantaron uno por uno a contar historias referentes a su padre y pronto pudo notarse un tema común: que su más singular y extraordinaria cualidad fue su voluntad para servir a otros, sin importar cuál fuera la necesidad. Era uno de esos hombres siempre dispuestos a tender una mano, hacer un favor, algún trabajo peculiar, o simplemente ofrecer un transporte a alguien. Una de sus hijas mencionó que a dondequiera que se dirigía, llevaba consigo una caja de herramientas y un par de vestimentas de mecánico en el maletero del carro, “por si acaso alguien necesitaba alguna reparación”.

Tras la Huella de su Madre

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Era un día muy ajetreado en este hogar. Pero claro, con 10 hijos y otro en camino, todos los días eran un poco agitados.   Ese día en particular, sin embargo, la madre tenía dificultades para realizar los quehaceres domésticos de rutina, y todo a causa de un pequeñito. Len, que tenía tres años entonces, estaba encima de su madre, dondequiera que se dirigiera.   Cada vez que ella se detenía para hacer algo   y se volteaba, tropezaba con él.   Varias veces le había sugerido pacientemente actividades divertidas, para mantenerlo ocupado.

Padre Triple A

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Esta historia es narrada por una hija: Por 52 años mi padre se levantó cada mañana a las 5:30 a.m., excepto el domingo, y se fue a trabajar. Por 52 años estuvo de vuelta a las 5:30 p.m., como reloj, para cenar a las 6:00 p.m. No recuerdo que mi padre “saliese con los muchachos” o tomase licor. Todo lo que pedía de mi como su hija, era sostener su martillo mientras reparaba algo, para que pudiésemos tener un tiempo para conversar. Nunca vi a mi padre regresar enfermo del trabajo, ni tampoco tomarse una siesta. No tenía entretenimientos más allá de cuidar de su familia.

Sé como la Liebre

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Un día una joven, dando un paseo por el monte, vio sorprendida que una pequeña liebre le llevaba comida a un enorme tigre malherido que no podía valerse por sí mismo.  Le impresionó tanto al ver este hecho, que regresó al siguiente día para ver si el comportamiento de la liebre era casual o habitual. Con enorme sorpresa pudo comprobar que la escena se repetía: la liebre dejaba un buen trozo de carne cerca del tigre. Pasaron los días y la escena se repitió de un modo idéntico, hasta que el tigre recuperó las fuerzas y pudo buscar la comida por su propia cuenta. Admirada por la solidaridad y cooperación entre los animales, se dijo: “No todo está perdido.  Si los animales, que son inferiores a nosotros, son capaces de ayudarse de este modo, mucho más lo haremos las personas”.

Sueños

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Ante un grupo de niños un hombre narró la siguiente historia: Había una vez un muchacho quien era hijo de un entrenador de caballos. El padre del muchacho era pobre y contaba con apenas unos pocos recursos para mantener a su familia y mandar al muchacho a la escuela. Una mañana en la escuela, estando el muchacho en la clase, el profesor le pidió a los alumnos que escribieran la meta que quisieran alcanzar para cuando fueran adultos.