Cuando La Vida Nos Presenta su Cuenta

Se cuenta de un abogado que vivió en Escocia que, en una ocasión, alquiló un caballo de un hombre pobre y tanto abusó del animal que éste murió. El hombre pobre insistió en que el abogado pagara por su caballo.

El abogado no negó su responsabilidad y le dijo al hombre pobre que estaba dispuesto a pagar.

- Pero - le dijo - en este momento estoy algo escaso de dinero y agradecería si me permitiera aplazar el pago.

El pobre labrador, que era un hombre muy comprensivo, no tuvo inconveniente en dar al abogado un poco de tiempo para cumplir con su compromiso. Ante la insistencia del abogado de no poder pagar en tiempo muy cercano, el labrador le respondió que simplemente fijara él la fecha.

Siendo una persona astuta, el abogado redactó el documento estableciendo que pagaría por el caballo el día del juicio final. Sospechando haber sido engañado, el hombre fue al tribunal de justicia y pidió al juez que examinara su documento. Después que el juez examinó la nota, estuvo de acuerdo en que el documento era perfectamente legal y dirigiéndose al abogado le dijo: - El día del juicio ha llegado. Pague al hombre por su caballo.

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¿Te has puesto a pensar cuando será el día que tendrás que rendir cuentas y pagar la factura por tu vida?

Hay gente que vive día a día pensando en lo que será del mañana, pero piensan en lo que será del día de hoy. Ya es una rutina el acostarse, descansar, despertar en la mañana, levantarse, algunos para salir a trabajar, otros para hacer los quehaceres de la casa, y seguir el mismo camino diario para ver que le depara el resto del día. Eso es normal en en el ser humano. Vivimos cada día, un día a la vez.

Pero ¿y mañana? ¿Estaré presente en este mundo el día de mañana? No lo sé, por lo tanto, el día de hoy tengo que vivirlo como si fuera mi ultimo día, arreglando las cuentas con aquellos que de alguna razón tengo asuntos pendientes, con aquellos que dejé de hablarles por cualquier tontería, con aquellos que un día me ayudaron y yo les di la espalda, pero más que todo, con el Dios que he ofendido varias veces el cual he decidido no seguirle ni servirle porque siempre he pensado que yo soy mejor que él y que solo lo necesito en momentos difíciles de mi vida, porque no sé si hoy es mi último día y tendré que ver a mi Señor cara a cara y rendir cuentas por mi vida.

Dice la palabra de Dios en el libro de Hebreos 9:27 que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio. Eso es indiscutible. También Jesucristo narró una historia en el libro de Lucas 16:19-23 referente a un hombre rico y uno pobre, donde él mismo dice que cuando ambos murieron uno fue al ceno de Abraham, y el otro al lago de fuego en el infierno. Ahí vemos que no hay nada entre medio de los dos caminos, son dos solamente; cielo o infierno. Por eso Jesucristo dijo esta historia para que entendamos que los que mueren en Cristo van al descanso eterno con el Señor, y los que viven fuera de Cristo van al fuego eterno con el enemigo de las almas, y no hay rezo que los saque de ese lugar, hasta el día del juicio final.

Tenemos que ser sabio en esta vida. Todos sabemos que algún día vamos a morir, pero ¿Cuándo? No lo sabemos. Por lo tanto, seamos sabios, y preparemos nuestra alma para cuando eso suceda vayamos con el Señor. Una persona que es muy inteligente en cuanto a los asuntos de la vida, en tecnología, adiestramiento, o profesionalismo, pero nunca le ha entregado el corazón al Señor, conociéndolo, y ha vivido pensando que Dios está solo para cuando lo necesite, tal persona será inteligente, pero no es sabia.

Viva sabiamente; prepárese para el mañana, para vivir una vida eterna con el Señor.

Proverbio 1:7 El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.

Hebreos 3:15 Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.

Romanos 3:21-23 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,

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